28/6/09

CUARTO DE COSTURA


C. Wysocki

O que máis lle gustaba daquela casa era o cuarto de costura. De pequena pasaba o tempo enredando cos botóns que noutrora ocupaban o seu espazo en chaquetas, vestidos ou camisas e que a avoa transformaba en ollos e adornos para os bonecos de trapo e lá que lle facía.
A máquina de coser exercía sobre ela unha fascinación incrible: entraba a tea por un lado e saía polo outro coas puntadas de cores por riba e por baixo perfectas, só con lle dar aos pés acompasadamente naquel pedal xigantesco de ferro.
O seu momento preferido era cando a avoa, con aquela voz doce que tiña, lle pedía que ordease as caixas dos fíos... as veces o facía segundo as cores, outras polo tipo de fío , outras por tamaños; tanto tiña á súa avoa sempre lle parecía ben a orde que escollese aínda que logo se volvera tola tentando encontrar o fío que buscaba.
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O gato segue a ocupar o seu lugar trala Singer pero xa non hai quen lle pida que ordee os fíos.

2 comentarios:

Bajo mis pies dijo...

Sabes que mi mama siempre estaba con su maquinita de coser y recuerdo que cuando era pequeña yo estaba a su lado ayudandola, despues de solo mirarla, y sin que nadie se diera cuenta, hacia la ropita para mis muñecas, una linda epoca esa, pero hoy, no me pidas que me meta en el cuarto de costura, mas que para coser recuerdos, para eso si me gusta y para sentir el olorcito de las telas!
Bss amiga!
Buen domingo!

Sole dijo...

Siempre rechacé la costura y todo lo relacionado con ella, quizás porque en el Colegio y en el Instituto era una asignatura obligatoria y, por que no decirlo, una actividad relegada a las mujeres como algo connatural con su género. Algo similar me ocurrió con la cocina.
En estos últimos meses, cuando mi vida se paró inesperadamente y me encontré fuera de mis contextos habituales, he ido descubriendo que ambas tareas son relajantes y motivadoras. Puedo aplicar en mayor o menor medida mis habilidades y.... aprender.
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A pesar de mi fobia a la costura, tengo que admitir que siempre me encantaron los expositores de bobinas de hilo que había en las mercerías,eran como arcoiris próximos que podías trastocar en cuanto la dependienta estaba entretenida. Y que decir de las cajitas con un botón cosido en el frontal para que las clientas puedieran decidirse. En una pequeña hilera aparecían cosidos los representantes de aquel modelo,su color y sus respectivos tamaños. El más grande a la izquierda y, a continuación en escala decreciente el resto. Yo siempre imaginaba que era una mama pata seguida de sus patitos.
Que imaginación tenemos en las primeras décadas de nuestras vidas.
Luego, yo crecí. "La casa de los Botones", que era mi mercería preferida, cerró hace años (no da para comer decía su dueña) y mi imaginación cada vez es más escasa se limita a ver la realidad tal y como es. Aunque a veces, cuando todavía encuentro alguna mercería con esas característica, entro en ella y me dejo llevar por mis recuerdos.
Bicos